Entre las principales funciones de Javier Romero como gerente de Infraestructura IT, está el desarrollo de la estrategia tecnológica alineada con los objetivos del negocio, asegurando que la infraestructura y los sistemas críticos respalden las metas corporativas. Supervisa centros de datos, entornos de nube híbrida y proyectos de modernización, priorizando la seguridad, la escalabilidad y la eficiencia operativa. Además, gestiona el presupuesto de infraestructura, analiza el costo total de propiedad y lidera la evaluación de proveedores, así como el desempeño del equipo técnico.
Considera que uno de los logros que marcó un antes y un después en su carrera fue liderar con éxito la migración de un core bancario, un proceso que le permitió fortalecer sus capacidades en la gestión de sistemas críticos, la coordinación de equipos multidisciplinarios y la toma de decisiones estratégicas bajo presión. Durante este proyecto, dirigió war rooms operativos 24/7, coordinó a más de 50 profesionales durante meses de planificación intensiva y mantuvo una comunicación con la alta dirección y las entidades reguladoras.
El impacto de los proyectos que ha liderado, señala que se evidencia en la mejora en los indicadores de disponibilidad y la reducción de la obsolescencia tecnológica. Las iniciativas de seguridad elevaron el nivel de madurez institucional, mientras que los proyectos de innovación interna optimizaron la experiencia de los clientes, tanto internos como externos.
Su motivación diaria surge del dinamismo del sector tecnológico y de la oportunidad de transformar procesos. “Encontrar nuevas formas de hacer las cosas es el motor que me impulsa a pensar diferente, actuar diferente y alcanzar resultados distintos”, afirma.
De la operación al cambio: una gestión que habilita
Para el ejecutivo, la gestión tecnológica debe trascender el rol operativo y convertirse en un habilitador del cambio organizacional. Considera que el uso y manejo de la tecnología no debe ser exclusivo del área que la administra, sino una responsabilidad compartida a toda la organización. El área de TI, afirma, debe actuar como un facilitador de herramientas que aceleren los proyectos tecnológicos y generen valor para el negocio.
Desde su visión, las tecnologías emergentes han transformado la manera de concebir la gestión de TI: ya no se trata de ejecutar proyectos, sino de liderar un proceso adaptativo de experimentación, aprendizaje y mejora continua. Tecnologías como la inteligencia artificial, los bots o los agentes digitales representan oportunidades para promover una cultura innovadora y colaborativa.
En cuanto a la incorporación de nuevas tecnologías, considera que la adopción debe ser gradual y estratégica, priorizando aquellas soluciones que resuelvan problemas. Mantener sistemas legacy estables mientras se introducen innovaciones permite transiciones más naturales para los usuarios, reduciendo la resistencia al cambio. Además, sostiene que una gestión proactiva del riesgo permite anticipar impactos y mitigar posibles fallas en etapas tempranas.
Para impulsar la adopción tecnológica en equipos de trabajo señala que es importante una visión compartida que vincula los objetivos organizacionales con el desarrollo personal y profesional de cada colaborador. Entre las estrategias que aplica destacan: la implementación de laboratorios prácticos y sandboxes para el aprendizaje real, la definición de roadmaps con hitos medibles, la organización de tech talks internas y la participación en programas de certificación.
También fomenta una cultura de reconocimiento, donde los logros en innovación y adopción tecnológica se celebran públicamente, fortaleciendo el sentido de propósito y pertenencia. Su liderazgo se sustenta en valores como la integridad, la transparencia y la empatía, combinados con una orientación a resultados y aprendizaje.