Lidera la estrategia tecnológica de la empresa y vela por su alineación con los objetivos corporativos. Su rol implica traducir las capacidades tecnológicas en valor para el negocio, facilitando su comprensión por parte de las distintas áreas y promoviendo su adopción en los procesos operativos.
Uno de los logros más relevantes en su trayectoria profesional fue la implementación del ERP SAP en el sector agroindustrial, un proyecto que transformó los procesos operativos y administrativos de una organización con más de 2,000 empleados. Lideró un equipo multidisciplinario de 50 personas y, en ese proceso, descubrió el verdadero sentido del liderazgo: alinear a las personas con una visión compartida, inspirarlas a trabajar con propósito y asegurar el cumplimiento de los objetivos. Esta experiencia fortaleció sus habilidades técnicas y de gestión, y reafirmó su capacidad para generar impacto organizacional a gran escala.
Señala que, dado que el producto principal de la empresa es un commodity dentro de la cadena alimentaria, ha orientado su gestión a maximizar la eficiencia operativa mediante la hiperautomatización, especialmente en los procesos agrícolas, administrativos y financieros. “Esta estrategia ha permitido reducir costos, optimizar recursos y mejorar la trazabilidad de las operaciones. Además, ha impulsado la optimización del uso de los equipos tecnológicos y operativos, priorizando la eficiencia energética, el mantenimiento predictivo y la integración con sistemas inteligentes, lo que ha generado una reducción en el consumo de recursos y una operación más sostenible”
Para Andrés Arosemena, su principal motivación, tanto personal como profesional, es su familia, a quienes considera el motor para cada día a dar lo mejor. También lo inspira su capacidad de transformar ideas en realidad. “Como líder del área de sistemas, encuentro propósito en convertir ideas en soluciones que impacten positivamente a la organización.
Gestión tecnológica estratégica en entornos agroindustriales
Las estrategias para favorecer la adopción tecnológica, explica Andrés Arosemena, se basan en involucrar activamente a los colaboradores en la creación y conceptualización de soluciones. Una de las iniciativas más efectivas ha sido una convocatoria interna que se realiza cada dos años, en la que los equipos presentan ideas y demuestran cómo la tecnología puede aplicarse para mejorar procesos o resolver desafíos del negocio.
Esta dinámica, comenta, fortalece el conocimiento técnico y amplía la comprensión sobre el potencial transformador de las herramientas digitales. Al participar desde la etapa de ideación, los colaboradores desarrollan un sentido de pertenencia tanto hacia las soluciones como hacia la tecnología que las hace posibles.
Gestionar equipos en un entorno de cambio tecnológico —añade Arosemena— requiere equilibrio entre visión, cultura y método. Reconoce que la tecnología puede generar entusiasmo, pero también ansiedad si se implementa sin la debida comprensión. Por ello, resalta la importancia del componente cultural: fomentar en cada persona una comprensión real de las capacidades y los límites de la tecnología. Promueve también la colaboración transversal, en la que el conocimiento y la especialidad de cada integrante aportan valor a un entorno abierto y horizontal, donde la confianza, la innovación y el compromiso se fortalecen.
Sobre la gestión de TI ante la incorporación de tecnologías emergentes, considera que debe ser estratégica, ordenada y culturalmente integrada. En San Carlos, señala, se ha adoptado un enfoque progresivo que combina modernización tecnológica con prácticas DevOps y SecOps, migración a la nube y gobernanza de datos. “La clave está en entender que no todo lo nuevo es aplicable de inmediato; hay que validar con pruebas de concepto, capacitar al equipo y alinear cada iniciativa con los objetivos del negocio”, enfatiza.
Andrés Arosemena visualiza la tecnología como el motor de crecimiento sostenible de San Carlos. En un entorno agroindustrial cada vez más competitivo, donde los mercados internacionales exigen eficiencia y responsabilidad ambiental, la tecnología —afirma— se convierte en la herramienta que permite optimizar cada eslabón de la cadena de valor. Desde la producción hasta el servicio al cliente, su propósito es diferenciar la propuesta de la empresa frente a un producto commodity como el azúcar, generando valor agregado mediante procesos más eficientes, trazables y sostenibles.